Política··8 min

La ruptura no se anuncia: se demuestra

Colombia eligió a Abelardo de la Espriella con la expectativa de que algo cambiara. La pregunta que queda es cuánto de ese cambio es real y cuánto es solo un cambio de tono.

Compartir

Colombia eligió a Abelardo de la Espriella con la expectativa de que algo cambiara. No solo el nombre del presidente, sino la forma de enfrentar la inseguridad, de administrar el Estado y de responderle a una ciudadanía agotada de promesas. El Consejo Nacional Electoral declaró oficialmente su elección para el periodo 2026-2030; el escrutinio final le atribuyó 12.960.166 votos. Ese respaldo es legítimo y merece respeto. También merece una pregunta: ¿qué cambio concreto está recibiendo el país a cambio de su confianza?

La llegada de De la Espriella altera el tono de la política. Habla con contundencia, ocupa el centro de la conversación y presenta la autoridad del Estado como respuesta frente al crimen. Esa forma de comunicar conecta con una demanda real: la gente quiere vivir sin miedo y espera que el Gobierno proteja a quienes cumplen la ley. Pero el tono de mando no sustituye la tarea de gobernar. La ruptura política no se mide por cuántas veces un presidente dice que llegó a cambiar las cosas; se mide por lo que cambia y por la evidencia que permite comprobarlo.

La seguridad debe ser el primer examen. En septiembre, la Presidencia —a través de sus canales oficiales, incluido @infopresidencia— presentó una reducción de 79 % en secuestros, 62 % en extorsiones y 58 % en víctimas de masacres frente a agosto de 2025. Sin embargo, al contrastar ese balance con cifras posteriores de la Policía Nacional, La Silla Vacía encontró caídas menores: 58 %, 20 % y 42 %, respectivamente. En homicidios, agosto registró una disminución interanual del 6 %, pero el acumulado de enero a agosto de 2026 fue de 9.434 casos, frente a 9.256 en el mismo periodo de 2025.

La diferencia entre anunciar un dato y comprobarlo no es un asunto menor. Una cifra preliminar puede orientar una primera lectura, pero no debería convertirse en prueba definitiva del éxito de una política. Además, agosto fue un mes de transición: el nuevo Gobierno se posesionó el día 7, y varias de las reducciones comparadas ya venían desde antes. Reconocerlo no le resta mérito a una operación ni desconoce la labor de la Fuerza Pública. Impide atribuirse, sin evidencia suficiente, resultados que dependen de tendencias más largas y de muchos actores.

También hay que cuidar el uso de los indicadores económicos. El DANE reportó que el desempleo nacional fue de 8,1 % en julio, frente al 8,8 % de julio de 2025. Es una cifra favorable para el país, pero corresponde a un mes anterior a la posesión de De la Espriella. Presentarla como resultado de su administración sería desconocer el calendario y debilitar la credibilidad de cualquier balance posterior.

En materia fiscal, el Gobierno tiene otra oportunidad para demostrar que su discurso de cambio viene acompañado de capacidad de ejecución. El presupuesto de 2027 asciende a 634,9 billones de pesos y terminó expidiéndose por decreto después de que Senado y Cámara aprobaran textos distintos sin conciliarlos. Reuters reportó que el proyecto contempla un déficit del 9,4 % del PIB. La responsabilidad del Ejecutivo no se limita a recortar o defender partidas: debe explicar cómo financiará sus prioridades, qué costos tendrán sus decisiones y cómo evitará que el ajuste recaiga sobre quienes menos margen tienen.

Yo sí creo que Colombia necesita renovar su política. Pero renovar no es sustituir una consigna por otra ni convertir la crítica en enemiga del Gobierno. Es mostrar las cifras completas, corregir los balances cuando cambian los registros, respetar los controles institucionales y responder por las decisiones difíciles. Un presidente fuerte no es el que exige confianza sin preguntas; es el que puede responderlas con hechos.

De la Espriella recibió una oportunidad para romper inercias y demostrar que su estilo puede traducirse en una gestión distinta. El país no necesita que le vendan cada semana una victoria histórica. Necesita menos extorsión, menos homicidios, finanzas públicas sostenibles y un Estado que funcione con transparencia. La ruptura con la política tradicional empezará cuando los resultados hablen con más fuerza que los anuncios.

CA

CONTRAPUNTO AG

Sobre el autor →

Si esta columna te hizo pensar, compártela

Compartir

Newsletter

Recibe cada columna en tu correo.

CONTRAPUNTO AG

Periodismo independiente que no le debe nada a nadie. Columnas de opinión sobre política, sociedad y poder en América Latina.

© 2026 CONTRAPUNTO AG. Todos los derechos reservados.

"La verdad no necesita permiso para publicarse."